miércoles, 8 de julio de 2015

Yo tuve un sueño (1)

Lo que sigue a continuación es un poema basado en algo que soñé; me inspiré ciertamente con las cosas que están pasando en el mundo últimamente y así surgió esta idea, que es la primera de una serie de sueños que iré publicando...
Esto es algo que se me ocurrió sobre el sueño y lo dibujé cuando estaba en Neyrápolis, capital del Reino de Neyrosia, C.E.L.T.I.C. (está escrito en saurésrico): 


He aquí el poema: 

Yo tuve un sueño:

El Soñador soñará
Y expresará sus ensueños,
Al tiempo que el Dramaturgo,
Su versión expondrá.

El burgués se guarecerá en su burgo
Y seguirá obedeciendo a sus dueños.
El narigón dará la orden
¡Y el tosco “amor” vencerá!

Pero si el tosco “amor” vence,
¿Acaso creéis que el pulcro odio no dará su revancha?
¡Oh sí! ¡La hecatombe vendrá como avalancha!
Sólo así se disipará el desorden.

Yo tuve un sueño, amigos.
Tuve un sueño, mis testigos.
¡Aplastaremos a nuestros enemigos!
Y la Nariz recibirá lo que merece.

Los herederos de los Tuatha Dé Danann,
Los hijos de la Reina Espectral.
¡Por venganza ellos claman!:
¡El Dragón Blanco en su obra magistral!

Dejemos que la brutalidad ejecute el milagro,
Como profetizaba Urquia en su vaticinio artiguista.
¡También quiero el vino de la sangre carmesí!
Qué caigan las farsas, que se desplomen castillos…

Incineremos el sofá único en el preeminente frenesí,
Para que vuelva el Rey, el señor de los membrillos;
Y con el más terrible y rimbombante onagro,
¡Derribemos las murallas del Imperio Rojista!

Oh hermanos de la cruz y camaradas de la espada,
Que arda en nuestros corazones el verdadero amor:
Un fanatismo que clama con sublime furor,
Lo único capaz de otorgarnos victoria en esta cruzada.  

Creo que es bastante claro a qué se refieren esos versos que he escrito y en resumen, añadiría que no existe amor verdadero sin su contraparte de sano odio, pues no todo amor es bueno y no todo odio es malo, como creen burdamente los progresistas. No es bueno amar al mal, ni es bueno odiar al bien.
Dios nos ha dejado plasmada su Santa Ley en nuestros corazones; yo me atengo a eso y lo hago con el máximo fanatismo y devoción posible, con sana obsesión, con ordenada pasión, pues, ¿qué sería de la vida sin pasión?  Como decía Eva Perón: “El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas (...) y las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón”.
Así que festejen mientras puedan esos desgraciados—pobres almas impías—que dan cátedra de “amor” en presuntas “cortes” con aires de “supremacía”, pero que no tienen la más pálida idea de qué es en verdad el amor. Una vez una ninfita—quien creí buena pero resultó ser impía—me dijo que era “obsesivo”. Ahora comprendo la realidad y la acepto: ¡sí lo soy! Soy obsesivo por el Bien, la Verdad, la Justicia, la Libertad, el Amor, la Belleza, la Pureza, la Amistad, la Honestidad, el Honor, etcétera; soy obsesivo, porque AMO; soy fanático porque CREO.

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