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jueves, 8 de enero de 2015

La Caída al Sol I: la edición de oro

La Caída al Sol: la edición de oro

Paperback, 66 Pages
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La presente obra es de ciencia ficción, fantasía, terror y aventuras, escrita por el autor uruguayo, Nicolás Gonella, escritor católico de títulos como “Skadav”, “Melody Maker” y “El Círculo.” En el año 2048 después de Cristo, Nicosia era un país muy avanzado. El Juapim y todos los enemigos del V Suis, habían sido por fin derrotados. En la Tierra y el planeta SXS, reinaba la paz y la tranquilidad. La Sneisxsnasa había construido bases científicas en el planeta Marte, para hacer investigaciones exhaustivas sobre los famosos cristales de energía. Y luego algo ocurrió en el Sol... El presente libro es el primer tomo de la trilogía “La caída al Sol”, que trata las peripecias de los científicos en Marte y en el Sol, mientras combaten contra los mw-mwús. 
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Prefacio a la Primera Edición.
Por el señor Frankis von Shubert.

PREFACIO.




-¿Y esto qué es?, ¿“La Caída al Sol”?—se preguntó una noche, en el programa “La culpa es nuestra”, el señor conductor televisivo Jorge Carlos Piñeyrúa, quien sin dudas debería haber visto la película “La Caída al Sol”, para poder exclamar tal indagación en un programa televisivo de canal 10 Saeta, tan visto como lo fue “La culpa es nuestra”; o quizás fue sólo una tremenda coincidencia, pero el hecho claro y conciso es que el honorabilísimo e ilustrísimo señor Don Nicolás Gonella inventó la idea de “La Caída al Sol”, cuando era niño y ahora él nos brinda la posibilidad de leer esta entretenida, graciosa y estupenda novela que se pregunta por la esencia del hombre y de la vida misma.
¿De dónde venimos?”, y “¿hacia dónde vamos?”, son dos preguntas que han movido la curiosidad propia del ser humano, desde tiempos inmemoriales; y este libro intenta—una vez más, como en tantos casos—contestar esas grandes interrogantes de la filosofía humana. Pero incluso esta novela de ciencia ficción, va más allá de eso: “¿por qué venimos de dónde venimos?, y ¿por qué vamos hacia dónde vamos?

Pero más allá de todo eso, el libro “La Caída al Sol: la edición de oro”, es un libro de ciencia ficción y específicamente de ciencia ficción gonelliense-uruguaya, pues Don Nicolás Gonella es un ciudadano oriental, descendiente de italianos y españoles como puede verse en su nombre; pero lo destacable es que es uno de los autores de ciencia ficción que existen en Uruguay, cosa que es rara en este país, ya que es muy cierto que aquí no abunda mucho la ciencia ficción, sino más bien el policial, la crítica social y el humor. La obra de Gonella tiene también humor, crítica social, y de todo un poco, y el mismo Gonella además califica a su libro como un libro de “terror fuerte”, porque esto es, ciencia ficción de terror como existe en Estados Unidos y otros países, y ellos lo demuestran en sus películas hollywoodenses y en sus cómics.
Realmente “La Caída al Sol” es un libro de ciencia ficción de terror, pues nos muestra un mundo bastante exótico, pero a la vez muy familiar, en un futuro cercano, pero a la vez muy lejano, extraño y distante; nos muestra la cosmología del Dr. Zeiss, tecnología superior, viajes en el espacio, especialmente hacia el planeta Marte—el planeta rojo—y también hacia el Sol, por extraño que parezca. Y es que el Sol podrá ser el centro del Sistema Solar, pero es la Tierra el centro del universo; pero en realidad—según nos narra esta novela—hay varios universos y en ese universo en particular, la Tierra es plana, al igual que en la mitología hindú y muy similar a la mitología nórdica; y es que realmente parece que Gonella se basó—además de la Sagrada Biblia, claro está—en antiguas leyendas y las mitologías greco-romana, nórdica, hindú, china, inca y demás, para construir su cosmología y al parecer también su propia mitología.
En esta novela veremos cómo un grupo de científicos viaja a Marte y allá algo oscuro sucede; hay algo que estuvo durmiendo durante miles de años en las cuevas marcianas, algo oscuro, muy siniestro y muy malévolo; todo se complica y es enviado un grupo de rescate hacia Marte; pero el peligro extraterrestre no sólo se encuentra en Marte, sino que parece que el asunto se ha complicado también en el Sol, y eso todo es porque el hombre comenzó a jugar con fuerzas extrañas y sobrenaturales, ajenas a su comprensión: son seres malévolos que viven en el espacio, no son nuestros hermanos, no vienen a salvarnos, vienen a condenarnos y lo cierto es que para salvarse hay que recurrir a las naves, pues en el planeta rojo, una marea de sangre se irá llenando, una marea roja que no permitirá comer bivalvos ni especie alguna de crustáceos; todo esto es lo que uno más o menos va sintiendo y entendiendo al leer esta estupenda novela, que realmente es algo ficticiamente científico y además de terror.




Sr. Frankis von Shubert, el Chambelán de la Corte.
Florida, 11 de febrero de 2013.
Preludio.
Por Nicolás Gonella. 


Antes de que usted—mi estimado lector—comience a leer esta humilde novela, quiero hacerle algunas aclaraciones, con su permiso y sin querer hacerle perder el tiempo (claro que si usted quiere, puede saltearse este “preludio”, pero me gustaría mucho que usted lo leyera). Realmente me siento en la obligación de aclararle que esta novela la he escrito de una forma un poco diferente a lo que quizás se suele hacer, pues no la escribí sentado directamente en mi laptop, sino que primeramente de alguna forma la viví, primero en mi imaginación y también en parte en mis sueños nocturnos. Esta historia comenzó hace mucho tiempo, cuando yo era niño, allá por el año 1996 cuando yo tenía nueve años y concurría a cuarto año de primaria, en la escuela Nº1 de Melo “Gral. D. José Gervasio Artigas”, la llamada “escuela de varones”, si bien en mi época ya era mixta hace bastante tiempo. Aquella escuela fue la primera escuela primaria pública departamental de Cerro Largo y una de las cosas positivas que tuve en ella, fue que allí yo me imaginé muchas cosas útiles, entre ellas, la presente obra.
Resulta que en aquel año, 1996 de nuestra era, fue el año en que estaban construyendo una casita nueva allá en el Feconukarri—la casa de mis tías abuelas—y mi hermanito tenía dos años; y fue un año complicado en parte, porque él jugaba a cargar baldes con arena, para “ayudar” al albañil en la obra y por eso luego le vino una hernia inguinal de la cual tuvo que ser operado. En ese mismo año, como he dicho, en la escuela me imaginé muchas cosas, pues yo siempre había sido imaginativo desde niño, pero por algún motivo ese año fui particularmente bastante imaginativo. Entonces, en ese año, mi amigo Fernando Olivera y yo, durante los recreos de las clases en la escuela, ensayábamos varias películas futuras, entre ellas, “La Caída al Sol”, pero también hicimos otras como “El pelado con trenzas”, “Tigres en la terraza”, “El enigma de la piedra sagrada”, etcétera. Luego, finalmente en la SXS, logramos hacer unas de esas películas, entre ellas “La Caída al Sol”; fue una película casera que hicimos, con la ayuda de mi hermano y demás colaboradores y por eso es que la película número uno de esta obra, fue anterior al libro, y eso fue simplemente porque la película fue hecha “así no más”, según la marcha, sin tener un guión definido. Recién mucho tiempo después, en el año 2011, pensando en hacer una segunda película, es que decidí finalmente ponerme a escribir esta novela seriamente. Y finalmente, he aquí “La Caída al Sol”.


El Autor.
D. Nicolás J. Gonella Neyra.
Río Branco, 4 de marzo de 2013.
Prólogo del Libro
Por Nicolás Gonella.

Hay dos cosas bien opuestas que se contraponen de forma bien contrapuesta, tales cosas son los cristales claros cristalinos y los cristales oscuros azabaches; unos son los del bien y otros son los del mal, unos son el orden y los otros son del desorden, unos son los puros y otros son los impuros, pues estos últimos se han ennegrecido con la mugre, con la contaminación inmunda que proviene de la Subyacencia. Ésta es la hija de Tía Siss, hermana de Selene, ambas hijas de Hiperión y Tía Eurifaesa. Hiperión es hijo de Urano Váruna el Oscuro, hermano de Dramatug Khan (el dios de los dragones legendarios), ambos hijos del Demiurgo o Dramaturgo, quien a su vez es hijo de La Nada. Por eso es que en la Luna vive la oscuridad, mientras que en el Sol vive la luz, la cual tiene una fuerza asombrosa, que da vida a toda la Tierra phritvívica, la cual está sostenida por cuatro megahathifánticos, los cuales están sobre el caparazón de la Gran Megakachu’a, la cual muerde la cola de Sampa Sonserina, quien a su vez da toda la vuelta cósmica de nuestro universo universal y termina mordiendo la cola de la Gran Megakachu’a.” Así comenzaba el anciano Mokis, leyendo aquellas escrituras antiguas, una especie de “evangelio apócrifo” que contenía extraños mitos antiguos que ya casi habían caído en el completo olvido; sólo algunas personas muy sabias y reservadas, que habitaban sobre las montañas del Tíbet—o en su defecto el Uribet—recordaban algo de esos antiguos mitos.
El hecho es que hacía unos siglos atrás, unos monjes habían escrito todo ese conocimiento antiguo en un libro llamado “Voltic präcïna vivarana” y lo habían escondido en el templo más remoto de todos, localizado sobre el monte Uribet, en la antigua nación de Oriente; es así que a principios del siglo XXI, un sabio hombre, el Dr. Juan W. Mokis, logró encontrar ese antiguo libro que contenía el conocimiento antiguo sobre una extraña cosa denominada “Voltic”, que aún no se sabía exactamente para qué servía.
El libro se encontraba en un idioma antiguo, pero afortunadamente el Dr. Mokis pudo traducirlo, gracias a la ayuda de los monjes que se encontraban en el templo del monte Uribet, quienes más o menos aún conservaban la sabiduría sobre esa extinta lengua, denominada el “volticsiano”. Obviamente llegar al monte Uribet no fue tarea fácil, ya que era un lugar muy recóndito de la Tierra, y realmente de muy difícil acceso, el cual muy pocas personas conocían la ruta y la forma de llegar hasta allí. Eso sin contar la dificultad de escalar una elevación de más de 4000 metros de altura, que estaba localizada en un lugar inaudito de la Tierra, un pequeño país—otrora la gran Nación de Oriente—que se conocía comúnmente con el nombre de Uruguay. Pero, ¿acaso no es cierto que en Uruguay no existen montañas, sino simples cerros, que no llegan al kilómetro de altura?, se preguntarán los lectores; pues bien, eso es lo que el gobierno nos quiere hacer creer, eso es parte de la gran conflagración mundial, es otro capítulo más de la geografía y de la historia que nos han ocultado los Amos del mundo, en favor de sus tenebrosos intereses. Afortunadamente el Dr. Mokis, era un hombre que no se dejaba llevar por el adoctrinamiento que sufría el colectivo dominante, era un hombre de un comportamiento un tanto excéntrico, de personalidad fuerte pero reservada, un hombre políticamente incorrecto, con una moral fuera de lo común, y unos métodos un tanto heterodoxos de investigación, además de que vivía como un ermitaño, en un pequeño rancho en el medio de un campo, rodeado de un bosque, en el Departamento de Rocha. Físicamente el Dr. Mokis, se caracterizaba por su larga barba gris, que le llegaba hasta el abdomen, por sus cejas frondosas y sus ojos saltones, que los ocultaba tras unos viejos lentes de aumento. Además de barba tenía bigote, su piel era blanca y normocoloreada, sus ojos marrones y no tenía mucho cabello en la cabeza, pero sus pelos eran grises y blancos, y el poco cabello que tenía, estaba despeinado. Era un hombre fornido, ancho, además de alto, que medía cerca de dos metros; y casi siempre estaba vestido con una túnica blanca, pero media gris, ensuciada por el polvo de su viejo laboratorio, ubicado en el sótano de su rancho. Además, solía usar un sombrero marrón como de los gauchos y cuando no estaba con su túnica blanca de científico, estaba vestido como un típico gaucho del siglo XIX.

Pero lo importante es que ese científico, gracias a su genialidad, valentía y desconfianza al colectivo dominante, logró descubrir que en Uruguay existía una especie de mundo perdido, furtivo a la mayoría de la gente. Dicho lugar se encontraba en el Departamento de Maldonado, cerca del cerro de Pan de Azúcar (con sus 423 metros), del cerro de Las Ánimas (con sus 501 metros) y del cerro Catedral (con sus 513,66 metros), pasando la sierra Carapé, luego de un valle oculto que no aparece en los mapas y de muy difícil acceso, ya que las brújulas comunes sufren de una interferencia electromagnética en esa zona, que hace que los viajeros no puedan avanzar más allá de ese punto y circulen en círculos, siempre rodeando la zona oculta, que nunca se deja ver además, por la constante neblina de la zona, así como espejismos y una cortina de invisibilidad que oculta el valle y el monte Uribet. Pero si el viajero logra sortear esos obstáculos, con mucho ingenio y astucia, logrará llegar al valle oculto de Maldonado y una vez ahí, se vuelve muy fácil visualizar el monte Uribet. El Dr. Mokis, logró encontrar el valle, y por ende, el monte, así que lo que hizo fue escalarlo, llegó a la cima, entró al templo sagrado de unos extraños monjes budistas uribetanos y los convenció de que les prestara ese antiguo libro; los monjes le pusieron una prueba, para ver si era digno de mirar el antiguo libro. Luego de mucho trabajo, Mokis logró superar la prueba y fue digno de que los monjes le prestaran una copia del antiguo libro, que en realidad era un rollo con unos diez pergaminos de tamaño A4, aproximadamente. Así, los monjes sacaron fotocopias de los pergaminos originales y le dieron las fotocopias; eso sí, le cobraron por ellas, un valor muy elevado: cien pesos uruguayos, por cada fotocopia; es decir que tuvo que pagar mil pesos uruguayos.
Luego de eso, el Dr. Mokis se despidió de los monjes uribetanos y ellos siguieron orando y tomando mate en su templo. En su laboratorio, es que el Dr. Mokis, se sentó a leer tranquilamente las fotocopias de aquellos antiguos pergaminos; y las comenzó a traducir al español.

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